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¿SABES CUANTIFICAR LA HORA DE TU EMPLEADO?


Veo con frecuencia que algo tan sencillo de calcular, habitualmente no lo hacemos, y en el caso de las pocas empresas que sí lo realizan, lo hacen erróneamente.

Tanto si somos una empresa de comercial, de distribución o de servicios (especialmente en este último caso), es clave conocer el coste hora de mi empleado. Al fin y al cabo, parte del producto que vendemos o servicio que prestamos, está compuesto o conlleva horas de trabajo de personas que conforman parte del coste de lo vendido. Por lo tanto, si queremos conocer la rentabilidad real de aquello que vendemos, es esencial que conozcamos el coste hora de nuestros empleados.

Tomemos como ejemplo, el caso de una cristalería especializada en la fabricación e instalación de cerramientos de cristal. Es práctica habitual, que a la hora de escandallar el trabajo, tan solo se cuantifique el coste de los materiales a emplear en el trabajo y nos olvidamos que ese trabajo conlleva horas de personal de taller y horas de instalación. Y esas horas tienen un coste ¿Cuál es la práctica habitual para solventar esto? Aplicar los famosos multiplicadores: “si multiplico el coste de los materiales por 3, seguro que cobro el resto de costes de la empresa…” Puede que si… o puede que no. Esto supone un riesgo, especialmente en la actualidad en la que nos encontramos, compitiendo en mercados atomizados en los que es práctica habitual lanzar los precios hacia abajo por conseguir algo más de cuota de mercado.

¿Y cómo lo puedo hacer? Muy sencillo.

Primero hemos de calcular el coste directo de cada uno de los integrantes, que este viene a ser el salario bruto + todas las cargas sociales. Una vez tengamos este coste, si lo dividimos por el número total de horas trabajadas, obtendremos el coste hora.

¿Y ya estaría todo? ¡No! Con el cálculo anterior, despejaríamos la duda de cuanto es el coste directo, ¿pero y que pasa con los costes indirectos?

Cabe recordar, que por desarrollar una actividad, asumimos una serie de costes indirectos, como pueden ser alquileres, teléfonos, suministros, seguros necesarios… esa serie de costes que asumimos y que sin ellos no podríamos desarrollar nuestro trabajo, y que por lo tanto, tenemos que repercutir sobre nuestro cliente de alguna manera.

Cabe recordar, que por desarrollar una actividad, asumimos una serie de costes indirectos como pueden ser alquileres, teléfonos, suministros, seguros …Bien pues esa serie de costes que asumimos y que son necesarios para desarrollar nuestro trabajo, tenemos que repercutirlos sobre el coste de hora de nuestros empleados.

Siguiendo el criterio de reparto utilizando el número de horas como base de reparto, podríamos cuantificar el total de costes indirectos y dividirlo por el total de horas, y de esta forma sabríamos en cuanto he de incrementar el coste de la hora.

¿Y ya estaría todo? ¡No, aún no! Lo que estamos haciendo anteriormente, parte de la premisa de que todas las horas de trabajo son facturables, es decir, que somos capaces de “venderlas” y obtener un rédito ¿Pero es esto cierto? ¡Nada más lejos de la realidad!

Aquí es donde el trabajo se pone interesante. Es nuestra obligación conocer cuántas horas de trabajo son realmente facturables (es decir, cobramos por ellas), porque las horas no facturables computan como un sobrecoste indirecto que aumenta el coste hora. Por ejemplo, si el coste hora de un empleado es de 15€ (sumando costes directos y costes indirectos) pero solo logramos facturar el 50% de sus horas, el coste de hora de las horas facturables debería de ser 30€.

Pero para poder hacer esto, es clave medir el tiempo que dedicamos a todos nuestros clientes ¿Y cuántos de vosotros lo hacéis?

En otro post, comentamos

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